Tras años jugando al baloncesto profesional en distintos países, Nimrod Hilliard IV llegó a Islandia para cerrar su carrera profesional. A los 31 años, competir contra jugadores más jóvenes hacía que la recuperación importara más que nunca. Unbroken pasó a formar parte de su manera de cuidar su cuerpo, recuperarse entre sesiones y mantenerse listo para competir.
A la altura de la nueva generación
El baloncesto profesional exige al cuerpo sin tregua. Entrenamientos, partidos, viajes y esfuerzos repetidos de alta intensidad dejan poco margen para recuperarse antes de volver a rendir.
Para Nimrod, esas exigencias cobraban otro sentido como jugador veterano que compartía pista con una generación más joven y se enfrentaba a ella. A los 31 años, sabía que mantener su rendimiento no dependía solo de lo duro que pudiera entrenar. También importaba lo bien que se recuperara.
Ahí es donde, según él, Unbroken marcó una diferencia notable.
«Necesito estar a la altura de los jugadores más jóvenes. Desde que empecé a tomar Unbroken, las agujetas se han reducido drásticamente y me siento más joven y con más energía».
Una recuperación que le ayudó a seguir compitiendo
La carrera de Nimrod en el baloncesto profesional le llevó por distintos países hasta que finalmente recaló en Islandia, su último destino antes de retirarse del baloncesto profesional.
En esa etapa de su carrera, cuidar su cuerpo era una parte importante de seguir entrenando y compitiendo al nivel que se exigía a sí mismo.
Para Nimrod, Unbroken pasó a formar parte de ese proceso. Lo utilizaba para responder a las exigencias del baloncesto profesional y asegura que le ayudó tanto en los entrenamientos como en la competición.
«Me ha ayudado a recuperarme más rápido y a mantenerme fuerte, ya sea en los entrenamientos o en la competición».
Su experiencia nos recuerda que la longevidad en el deporte no consiste simplemente en seguir apretando más. También se trata de dar al cuerpo el apoyo que necesita para recuperarse y volver listo para rendir de nuevo.
Años de baloncesto profesional. Un último capítulo en Islandia.





